A lo largo de la historia, miles de mujeres han realizado contribuciones decisivas en ciencia y tecnología sin recibir reconocimiento, simplemente por el hecho de ser mujeres.
Hoy, esa brecha sigue siendo evidente.
Actualmente, solo el 23% de los profesionales del sector TIC son mujeres, y la base del problema aparece muy pronto: únicamente un 12% de las matriculadas en estudios STEM en España son mujeres (Statista, 2020).
La raíz es clara: la falta de referentes, la educación estereotipada y los sesgos tempranos siguen condicionando su acceso al sector.
¿Por qué es necesario aumentar la presencia femenina en tecnología?
La respuesta es sencilla: más mujeres significa empresas más diversas, más innovadoras y más competitivas.
Las organizaciones que integran múltiples perspectivas toman mejores decisiones, entienden mejor a sus clientes y generan productos más inclusivos.
En un entorno empresarial en el que la diversidad y la inclusión ya no son una opción, sino una exigencia, el papel de las mujeres en tecnología se convierte en un elemento estratégico.
¿Qué percepción tiene la sociedad?
Durante septiembre realizamos 23 entrevistas aleatorias para conocer la visión general sobre el papel de la mujer en tecnología. Los resultados fueron reveladores:
✔ La mayoría sabe que el sector está masculinizado
Los entrevistados estimaron una media del 24,75% de mujeres trabajando en TIC. La cifra real es del 23%, prácticamente idéntica. Esto indica que, al menos, somos conscientes de la brecha.
✔ La educación es vista como la causa principal
Muchos participantes señalaron la importancia de la educación temprana.
Los sesgos que recibimos desde pequeños —incluido algo tan simple como los juguetes que se nos ofrecen— condicionan nuestras preferencias y, más adelante, nuestras decisiones profesionales.
Como comentó uno de los entrevistados:
“Los padres eligen los juguetes de sus hijos, en lugar de ofrecer todas las opciones. Eso reduce su libertad para explorar intereses y afecta a que haya menos niñas interesadas en tecnología”.
¿Estamos avanzando?
Contamos con un diagnóstico claro:
sabemos que existe desigualdad, entendemos qué la provoca y reconocemos que la educación ha mejorado, aunque siga siendo insuficiente.
Ese es el primer paso hacia una mayor diversidad e inclusión en tecnología.
Sin embargo, las cifras muestran que queda mucho por hacer.
El futuro del sector —y la competitividad de las empresas— dependerá de nuestra capacidad para atraer, desarrollar y retener talento femenino en tecnología. Y eso requiere cambios reales, no solo conciencia.